En su libro titulado “Les methodes d’Abrams”, traducido en francés por el Dr. Regnault (ediciones Maloine, 1927), el Dr. Abrams presenta un método original de tratamiento que consiste en realizar una estimulación por medio de percusiones ligeras sobre la apófisis espinosa de una vértebra. Esta percusión va a provocar la estimulación del segmento correspondiente a un órgano, en relación con el segmento en cuestión. Pensamos que las percusiones han sido practicadas desde siempre. El Dr. Regnault en efecto, remonta sus orígenes a la China antigua. Sus prácticas ya estaban fijadas en el Kung Fu que se remontaba a los tiempos de Hoang-Ti, es decir 2689 años antes de nuestra era. En el San-Tai-Tou-Hoei del fin del siglo XVI, las percusiones y vibraciones eran recomendadas. Es cierto que los que llaman a estas técnicas “remedio de buenas mujeres” no hacen más que confirmar la ancestralidad de estos métodos. El Dr. Abrams, nacido en San Francisco el 8-12-1863 y fallecido el 13-1-1929, profesor de patología en el Colegio Médico Cooper, y presidente de la Sociedad Médica de San Francisco, codificó sus percusiones y las ha utilizado en el cuerpo médico bajo el título de terapéutica. A partir de la anatomía del sistema nervioso simpático, exclusivamente vertebral, buscando precisamente las relaciones entre la zona medular y del órgano, aparece la posibilidad de tratar la patología de los órganos por una acción sobre teclado vertebral. Para comprender el efecto de las percusiones, vamos a recordar la acción del sistema simpático con respecto a cada órgano o función del cuerpo. El sistema simpático representa la urgencia en el cuerpo y toma reacciones relacionadas con el stress, el miedo, el enojo. Estas se traducen por: una dilatación de las pupilas, una pilo erección, una vasoconstricción general, una transpiración, una aceleración cardíaca, un aumento de la tensión arterial, una inhibición del sistema digestivo, un aumento de la glucemia. En estos casos precisos, el simpático actúa como un todo. Veamos ahora los efectos locales, órgano por órgano y función por función. Para las glándulas salivales El simpático como el parasimpático aumentan la secreción salival, pero el simpático produce una saliva más viscosa, con mucho mucus y poca proteína. Los orígenes del simpático para estas glándulas son C2 a C6. Para la piel y el pelo El simpático cervical provoca transpiración, la pilo erección y la vasoconstricción de la piel. Para los ojos El aumento de la actividad del simpático provoca la exoftalmia, la midriasis y la vasoconstricción de la fascia. Para las vísceras El simpático cierra los pasos vasculares de las vísceras y manda la sangre hacia los músculos y hacia el cerebro. Vesícula biliar: el simpático dilata la VB y cierra el esfínter. Hígado: el simpático es vasodilatador. Páncreas: las fibras simpáticas están exclusivamente destinadas a los capilares, su estimulación provoca un efecto inhibidor que pareciera ser secundaria a la vasoconstricción. Hay que saber por otra parte que las glándulas endocrinas poseen sobre todo dispositivos vasculares reguladores. Intestinos: el simpático contrae el esfínter (sobre todo bajo influencia de stress). El simpático tiene una acción inhibidora sobre el conjunto del intestino. Corazón: el simpático aumenta la actividad “marca pasos” del tejido nodal, aumenta la fuerza de contracción lo que logra un volumen de eyección importante. Ejerce en efecto una acción tónica permanente sobre el corazón, como sobre el ojo, aumenta la formación de esfínteres cardíacos. Sistema sexual: el simpático interviene en la eyaculación y en el orgasmo. Coronaria: el simpático no parece tener un rol preponderante sobre las coronarias, entonces la regulación es esencial. Circulación: esencialmente bajo dependencia del simpático que realiza una disminución del calibre de los grandes vasos (sobre todo a nivel de la piel). Una acción excitativa existe igualmente sobre las venas, salvo las venas y arterias de los músculos en los que la regulación es más bien hormonal. Pulmones: el simpático tiene poca acción sobre la circulación pulmonar ya que las arterias pulmonares están poco muscularizadas. Por el contrario el simpático parecería más regulador que dilatador en la regulación bronquial. Vejiga: el simpático provoca el relajamiento del cuerpo de la vejiga y de la contracción del esfínter así como de la vasoconstricción de los vasos de la vejiga. Para saber: el reflejo de la micción está esencialmente bajo la dependencia del parasimpático. Las percusiones se practican de varias maneras. Sea como las recomienda el Dr. Abrams, con un diario enrollado apoyado sobre la vértebra, y que tiramos y relajamos alternativamente, sea con el medio flexionado que percute en la espinosa. También podemos plegar el puño, con la articulación entre la primera y segunda falange, podemos poner el medius de una mano sobre la espinosa en cuestión y percutir el medius con un dedo de la otra mano. El método elegido importa poco, los elementos importantes son: El ritmo. Debe ser regular, como un metrónomo. Es él en gran parte que hará la calidad a la percusión. El ritmo que parece ser el más adaptado parece ser aquel que separa cada percusión de un segundo a un segundo y medio. La fuerza. Si se golpea la espinosa demasiado fuerte, la acción será menos eficaz. La vértebra se fija. Si la percusión es muy débil, no se transmitirá al conjunto de la vértebra, ella no se transmite y en consecuencia tampoco al segmento de médula correspondiente. La fuerza justa de percusión es aquella que desengancha la vibración de la vértebra. Se la podría comparar con el efecto de un martillo sobre el gong. El lugar de la percusión y su acción precisa deben ser conocidos. Existen ciertas zonas como C7 que tienen acciones múltiples y que antes de percutir, hay que informarse sobre las patologías del paciente. El número de percusiones en una serie parece ser muy importante. En efecto, Denis Brookes decía que 15 percusiones eran suficientes para lograr una estimulación. Si esta cifra era mayor, obteníamos una inhibición según la ley que dice que demasiada estimulación causa una inhibición. ¿Qué pensar entonces de autores como L. Van Steen que realizan a veces percusiones que van desde las 60 hasta las 100? Aportamos un intento de explicación: si 15 percusiones estimulan, las siguientes inhiben. Pero si continuamos la inhibición, vamos a volver la estimulación y así otra vez. Obtenemos entonces por la repetición, una regulación. Esta va en el sentido Van Steen que dice que las percusiones son reguladoras. Da también el consejo de repetir estas series de percusiones alrededor de 3 veces con un tiempo de reposo por lo menos de 2 minutos para dejar recargarse la zona simpática tan solicitada. Podemos igualmente asociar percusiones sobre distintas vértebras de manera de obtener un efecto más completo sobre el sistema, como el hígado y la vesícula biliar o el estómago y los esfínteres. Van Steen en su libro “Le réflexe vertebral”, da un tratamiento en caso de crisis de la aerocolia o de la aerofagia. - 45 segundos de percusiones sobre C7 que provocan la contracción del estómago seguidas de 2 minutos de descanso. - 60 segundos de percusiones sobre D5 para obtener la dilatación del estómago y la apertura del píloro, luego 2 minutos de descanso. - 45 segundos sobre C7 para obtener una nueva contracción del estómago, 2 minutos de reposo. - 1 minuto sobre D11 para obtener la dilatación del intestino. En este ejemplo, hay que saber que C7 también tiene una acción sobre la contracción de los vasos sanguíneos y entonces activa el reflejo hemodinámico del corazón. Se refiere a una patología cardíaca. Conclusiones La acción y los resultados obtenidos por las percusiones son empíricos. Sólo el conocimiento preciso de la anatomía y de la utilización de aparatos científicos (ecografía, electrocardiograma, etc.) permiten precisar y decodificar los resultados obtenidos. Las percusiones son un terreno virgen a descubrir, a estudiar, para definir un protocolo de utilización lo más clara posible. Bibliografía Louis Van Steen, “Le réflexe vertebral”. Maloine, 1981. “Les méthodes d’Abrams” traducido por el Dr. Regnault, Maloine, 1927. “Traité de réflexothérapie”, Dr. Leprince, Maloine, 1931. |