Introducción
Es significativa esta convocatoria para disertar sobre el tema “Buena Praxis - Mala Praxis” en un lugar de reunión como éste, la ”Asociación de Abogados”. Comparto esta mesa con un médico legista, dos abogados, un kinesiólogo fisiatra y me corresponde el subrayado de: “...dichos aspectos en un Hospital General”.
El tema que hoy nos convoca, es el diario trabajo de legitimación de nuestra praxis, por ello lo de “Buena Praxis - Mala Praxis”.
El concepto de mala praxis preocupa muchas veces a los profesionales en relación a la resonancia inmediata con el “juicio de mala praxis”.
Distinto es como se nos presenta en tanto pacientes o familiares de un paciente. En un caso nos sentimos amenazados por el riesgo de alguna impericia profesional propia, en el otro por quedar en manos de la impericia profesional ajena.
Sin llegar al daño iatrógeno que puede concluir en el juicio de mala praxis, como profesionales de la salud nos incumbe situar algunas cuestiones referentes a la práctica de nuestro ejercicio profesional.
Aspectos relacionados con el encuadre de la tarea kinésica en un hospital.
El encuadre formal.
Partiré del ámbito público hospitalario para situar algunos factores que contribuyen a generar la posibilidad de una buena o mala praxis .
Caminemos el hospital como si acompañamos en tanto docentes a colegas nuevos, por los lugares donde desplegamos nuestra praxis cotidiana, nuestro “ruteiro” para una interconsulta, para una urgencia o para un trámite administrativo, apropiándonos de los distintos espacios por los que transitamos, para reconocernos como parte de la comunidad asistencial hospitalaria.
En referencia al Servicio de Kinesiología propiamente dicho, un profesional novel debe comenzar por conocer las normas de funcionamiento del mismo (a qué legalidad debe acogerse y cuáles son sus límites). Informarse sobre la modalidad de trabajo del Servicio (por ej.: evaluación específica de cada caso clínico, asistencia del paciente con el mayor cuidado por su persona, jerarquización de la relación terapeuta-paciente.)
Dispositivos de atención: es deseable que los pacientes intervenidos quirúrgicamente sean atendidos en sala, que los internados que puedan concurrir al gimnasio terapéutico lo hagan en silla de ruedas, que los pacientes trasladados en camilla o en ambulancia no reciban un turno para otro día, que si se consulta por un niño se decida a cuál equipo se lo deriva, etc..
Se trata de organizar el accionar del profesional a partir de la admisión de un paciente y que el colega comprenda el significado de hacerse responsable de la atención que ofrece, siendo esto fundamental para una buena praxis.
El grado de compromiso que a un profesional le confieren su título (de egresado universitario) , su matrícula (otorgada por el Ministerio de Salud Pública ) y la pertenencia a una institución hospitalaria, no alcanzan. Su desempeño,además, debe estar a la altura de la función que de él se espera. Es por ello que debe implicarse en la medida de las necesidades que le aguardan con cada caso clínico.
El encuadre con el paciente.
Seguramente para el experimentado es obvio, sin embargo no está demás recordar que: en una primera sesión se establecerán los horarios y las reglas de esta relación terapéutica.
Se explicarán las características de la afección y su probable evolución.
Aclararle al paciente el rol del terapeuta y la importancia de su colaboración en el tratamiento, así como el inmenso valor del autocuidado en la prevención de futuros episodios enmarca una tarea compartida.
Delimitamos un campo para la relación kinesiólogo-paciente con características específicas. La pulcra observancia del espacio de cada uno beneficiará los resultados, especialmente si se trata de tratamientos prolongados.
Las características del lugar físico y su diseño también influyen sobre la praxis del profesional.
Las mejores intenciones de trabajar con un correcto encuadre de la tarea kinésica se desmerecen si no se cuenta con un lugar físico apropiado. Esto va en desmedro de la producción del profesional, ya que no le permite el despliegue adecuado. Por ejemplo, pensemos en las pérdidas de equilibrio de algún enfermo neurológico, o en las condiciones de movilidad de un artrítico avanzado.
En muchas instituciones no se cuenta con buenas condiciones de maniobrabilidad por la estrechez de los consultorios. A los mismos se debe ingresar de costado, sin más desplazamiento posible que el inclinarse.
En recuperación física, en rehabilitación, el movimiento, su gesto corporal (tanto del terapeuta como del paciente) son permanentes. La incomodidad por la falta de espacio perjudicará la calidad de la prestación, será difícil así generar respuestas corporales, “posibilidades de movimiento”.
No sólo por lo expuesto anteriormente se puede alterar la praxis, también por la falta de cuidados de mantenimiento del lugar , de sus condiciones de higiene, asi como por no disponer de equipos en correcto estado de funcioamiento.
La suma de varios de estos factores van desgastando la voluntad de hacer de los profesionales, y esto también puede incidir en la calidad de su praxis.
En una ciencia cuya denominación, está etimológicamente signada por el movimiento, la “ley del menor esfuerzo” va a favorecer un ejercicio profesional de poco desplazamiento corporal, no en pocas oportunidades con excesos en la aplicación de aparatos, en detrimento de las prácticas manuales y el ejercicio. Es por ello que, en referencia al espacio, éste no es un dato banal como en cualquier otra especialidad.
Es evidente que la subjetividad del kinesiólogo está muy involucrada en su trabajo. Las propias sensaciones displacenteras, fatigantes, a veces dolorosas, lo encaminan hacia una suerte de “selección natural” de maniobras que a él mismo no lo afecten, alterando su mejor intención de realizar una prestación de excelencia, una buena praxis.
Según mi experiencia hospitalaria, a estos temas no se les presta la atención que merecen en la consideración diaria, probablemente porque hay otras prioridades, pero producen efectos y seguramente influyen en la mejor evolución de un paciente.
Capacitación permanente: una obligación de todo profesional de la salud.
La capacitación permanente y los ateneos actualizan las novedades en la clínica. La posibilidad de contar con sitios de discusión de casos clínicos mejora la atención del enfermo.
Reservar un tiempo del Servicio para reciclar modelos asistenciales así como para aprender a derivar un caso a tiempo, redunda en favor de los resultados. Un ámbito donde comentar fracasos y no tan sólo éxitos, tanto ajenos como propios, obstáculos y posibles soluciones, nos aleja de la posibilidad de una mala praxis.
Tener un sitio de pertenencia para los profesionales de planta, o de referencia para los pasantes, permite mejorar las condiciones para una práctica profesional con mayores logros y menores riesgos.
Debe agregarse que la participación en cursos, jornadas y congresos, permite cotejar y saber en qué nivel de actualización se está ejerciendo la profesión, y cuáles son los contenidos que faltan incorporar para una praxis de excelencia.
Obediencia.
Refugiarse legalmente en una solicitud médica de atención - en ocasiones desactualizada científicamente y a veces incluso errada- también favorece la mala praxis.
Esta solicitud, así fuera procedente de un médico - que en tanto ser humano puede estar equivocado- no puede obedecerse mecánicamente.
Los Tiempos en la Clínica
Durante años el modelo médico hegemónico nos ubicó en la prevención terciaria generalmente instalada la secuela.
Hemos avanzado hacia la prevención secundaria donde atendemos en el instante del diagnóstico médico.
Para una mejor praxis hospitalaria se debería realmente incorporar la filosofía de la atención primaria a la labor asistencial de cada día.
Además, contando con las áreas programáticas de los hospitales podrían aplicarse planes, factibles -por lo esenciales-, que se adelanten en años a la disfunción y a la patología. Eso también contribuiría a una buena praxis.
La presión asistencial hospitalaria.
La malapraxis puede ocurrir en un instante de accidentalidad, donde la maniobra necesaria, que si bien fue adecuadamente elegida, no contó con la espera adecuada, no coincidió con el “tempo” del estado tensional del paciente, lo que puede revelar una peligrosa impericia del profesional. A pesar de la gran demanda asistencial, en el hospital también hay que “tener tiempo”.
Internación
Respecto de los pacientes internados, hacer docencia con los médicos residentes para que sus pedidos de interconsulta lleguen al principio y no al final de cada jornada, ya que se pierden días de tratamiento. Además, enseñar a los médicos qué pedir, cuándo pedir, y cómo pedir al kinesiólogo fisiatra, ya que la coherencia en el pedido permite una adecuada respuesta interdisciplinaria, y contribuye a una buena praxis.
Prevención.
No sólo la impericia, negligencia o falta de actualización preparan el terreno para la mala praxis. También pueden generarla la ausencia de una filosofía de la prevención. Deficiencia que atañe a las ciencias de la salud en su totalidad.
En medicina crítica se aprenden prioridades: primero salvar la vida, luego la función, luego la estética. Muchas veces por ‘esperar el turno de la vida’, cuando llega el ‘turno de la función’ ya estamos en el ‘tiempo de la secuela’.
Por ejemplo, si desde las propias unidades de cuidados intensivos se normatizara incorporar un espacio real de precocidad para realizar acciones de estimulación específicas para cada afección, y sin entorpecer por ello la terapia kinésica habitual, como la A.K.R., la asistencia mecánica respiratoria, etc. Se podrían rescatar espacios orgánicos potencialmente recuperables que seguramente se pierden en la espera de una mejoría clínica, al pasar a engrosar la estructuración e instalación de las futuras secuelas, muchas de ellas irreversibles.
Elaborar esta temática nos permitió revisar y por momentos descongelar algunas consideraciones obvias, tanto desde sus causas como desde sus efectos, acerca de buena y mala praxis.
Conclusiones.
Después de muchos años de dedicación, tanto en lo asistencial como en docencia y, habiendo analizado diferentes calidades en los resultados, me permito recomendar dos propuestas para mejorar nuestra praxis:
1) Prevención primaria durante el transcurso de la vida.
Optimizar el aprovechamiento de las áreas programáticas de los hospitales. Considerar la facilidad ‘real’ que ofrecen las escuelas para la educación postural y el aprendizaje del autocuidado, porque los niños ya están allí, sin necesidad de citarlos, y por la gran cantidad de días, meses, años que allí pasan (por ej.: sobre esos pupitres).
Considerar el ahorro en salud que significa tener una buena estructura y función durante la vida.
Con respecto a quienes necesiten asistencia, el hospital deberá mejorar su oferta y accesibilidad a planes de atención, sin dejar de lado la filosofía de la prevención.
2)Ante la patología no ésperar la estructuración de la secuela. En muchos pacientes se pierde tiempo valioso e irrecuperable antes de comenzar la estimulación específica. En mi opinión, se debe comenzar en las mismas unidades de cuidados críticos, aunque los tiempos de la clínica parecieran indicar lo contrario. |