El dolor es la base de la consulta clínica, y el motivo más frecuente de derivación al servicio de Kinesiología. La sensación dolorosa en un mecanismo protector que aparece cuando existe daño tisular.
Es transmitida por el sistema nervioso e interpretada a nivel cortical. Se origina por la activación de las aferencias nociceptivas ante estímulos térmicos, mecánicos o químicos.
En el tejido lesionado se produce la síntesis y liberación de sustancias algogénicas, que estimulan los nociceptores, ya sea en forma directa, o bien, disminuyendo el umbral de excitación ante otros estímulos. La hipoxia es un estímulo nocivo del tejido muscular.
Los nociceptores estimulados general señales que se transmiten a través de dos tipos diferentes de fibras. Las A delta, mielinizadas, de conducción rápida, transmite la sensación de dolor agudo. Las fibras C, desmielinizadas, de conducción lenta, transmiten una sensación dolorosa persistente.
Los mensajes transmitidos en el sistema nervioso se traducen eléctricamente. En las sinapsis, las señales se convierten en impulsos químicos, a través de moléculas difusibles, los neurotransmisores. Atravesada la sinapsis, el impulso químico, se reconvierte en impulso eléctrico, debido al potencial de acción generado.
Los dos tipos de fibras implicados en la transmisión de dolor, penetran en la médula y siguen vías diferentes, con destino a distintas estructuras centrales subcorticales, entre las que se destacan la sustancia reticular y el tálamo, y, desde allí, a las áreas de la corteza relacionadas con la percepción e interpretación del dolor.
Complejos mecanismos neurohormonales y vegetativos adrenérgicos tienen participación en este fenómeno.
El impulso nociceptivo sufre una modulación a nivel medular mediado por fibras mielinizadas A beta, de gran diámetro que actúan llevando impulsos inhibidores, o bien, activando interneuronas inhibidoras.
Si bien este sistema de analgesia endógeno actúa a nivel medular, se inicia en estructuras más altas del sistema nervioso. Las señales parten de neuronas ubicadas en el área gris periacueductal, las cuales secretan encefalinas, que son sustancias opiodes endógenas que mimetizan la acción de los narcóticos. Estos impulsos llegan al núcleo magno del rafe (ubicado entre protuberancia y bulbo) y de allí se transmiten a las astas dorsales medulares, a través de fibras que secretan serotonina, la cual, se cree, provoca la liberación de encefalina en las neuronas locales medulares. Esta sustancia tipo opioide produce la inhibición presináptica de las fibras C y A delta, transmisoras del dolor.
El impulso nociceptor, al ingresar en el asta posterior de la médula, envía conexiones neuronales a las células del asta anterior, las que inervan al músculo esquelético. Esto genera una contracción muscular sostenida, que trae como consecuencia la isquemia a nivel muscular y a su vez la acumulación de sustancias químicas de desecho, producto del metabolismo muscular aumentado por el espasmo. De este modo el músculo se convierte en un sitio nociceptor adicional, cerrándose así el círculo vicioso de dolor-espasmo-dolor.
La estimulación no dolorosa periférica, puede cerrar la puerta de entrada de las señales dolorosas. Se sabe que la estimulación de grandes fibras sensoriales procedentes de receptores táctiles periféricos deprimen la transmisión de las señales de dolor procedentes de la misma área corporal o de segmentos distantes.
Las técnicas manuales que utilizan la presión profunda y la vibración, parecen ser las más efectivas en el tratamiento del dolor de origen miofascial.
Estas terapias estimulan los órganos terminales de Ruffini, que responden a las deformaciones de la piel y tejidos más profundos por la presión, y a los corpúsculos de Pacini, que se encuentran en tejidos aponeuróticos, y, por su gran capacidad de adaptación responden a estímulos de alta frecuencia como son las vibraciones.
Las fibras encargadas de la transmisión de estas sensaciones, son las A beta, de alta velocidad de conducción.
Las sensaciones mecánicas de vibración y presión son trasmitidas a las áreas corticales sensoriales somáticas del lóbulo parietal, a través del sistema columna dorsal-lemnisco, después de hacer relevo en los núcleos somatoestésicos del tálamo.
Otro posible mecanismo de acción analgésica mediada por el masaje, es la fatiga de la transmisión sináptica. Cuando las sinapsis excitadoras son estimuladas en forma repetitiva y a gran velocidad, el número de descargas en la neurona postsináptica es muy grande al principio, pero va decreciendo en los segundos siguientes. El mecanismo de fatiga en el agotamiento de las reservas de neurotransmisor en las terminales presinápticas.
Por todo esto, y, aunque el kinesiólogo cuenta, en estos tiempos, con un arsenal terapéutico amplio y muy valioso, me atrevo a decir que las terapias manuales fueron, son y seguirán siendo la elección más acertada en el tratamiento del dolor de origen miofascial.
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