Resumen
Luego de una breve historia del término Esquema Corporal, desde sus dos vertientes, la neurológica y la psicológica, se analizan las dificultades que suele acarrear el mal uso de las nociones arriba-abajo, adentro-afuera, izquierda-derecha y adelante-atrás, para lo que se analiza la naturaleza de cada una de ellas y ejemplos de su correcta utilización.
Introducción
Comenzaremos una brevísima historia del estudio del Esquema Corporal. Aproximadamente en 1895 se da a conocer lo que se ha llamado “el célebre caso de Babinski Simón”, en el cual un sujeto con hemiplejía refería que había una persona acostada en su cama del lado pléjico, hoy se lo llamaría arnesomelia (Anastasópulos) o Somatoparafrenia (Gerstmann).
1905 Deny y Camus lo llaman Cenestesia.
1906 Wernicke, Somatopsiquis.
1911 Head y Holmes, Esquema postural.
1922 dic, Körperschema.
Es en 1935 cuando Paul Schilder lo define diciendo “que es la imagen mental y tridimensional que cada uno tiene de su propio”.
Posteriormente la moderna escuela reflexológica rusa de la psicología encabezada por L. Vygotsky, N. Krasnogorsky, B. Anaiev y otros le hacen un agregado a la definición de P. Schilder consistente en que “es la imagen mental y tridimensional que cada uno tiene de su propio cuerpo en relación al de los demás”, agregándole así el elemento social del que carecía. Es decir que nos sabemos altos porque conocemos bajos, rubios por haber visto morochos, etc.
En 1963, S. Wapner y H. Werner intentan cambiar el nombre de esquema Corporal por Precepto del Cuerpo, pues alegaban que el término esquema se interpretaría como una sensación, siendo como era una percepción.
Es curioso que en 1962 un filósofo, M. De Merleau Ponty, a través de sus estudios sobre la sensación del miembro fantasma en amputados, en su célebre libro “Fenomenología de la percepción”, destaca la importancia del Esquema Corporal en la formación del mundo humano.
Desde la vertiente neuropatológica y psicopatológica debemos recordar a los ya citados Anastosópulos, Gerstmann y Mc Donald Critchley, J. De Ajuriaguerra, F. Dolto, etc.
En 1966 M. Frostig diferencia tres términos:
Imagen corporal: es la percepción subjetiva y sus sentimientos con respecto a él.
Concepto corporal: es el bagaje de conocimiento que uno tiene de su cuerpo.
Esquema corporal: es lo inconsciente, por ello es cambiante y está en muy íntima relación con la postura y por ende con el equilibrio.
Las nociones filogenéticas (es decir las que el hombre trae con su especie) en cuanto al Esquema Corporal se refiere, se reducen a ocho o a cuatro (A. Lapierre y B. Aucoutourier) según las analicemos individualmente o con criterio de contraste o bipolaridad, ellas son: arriba-abajo, adentro-afuera, derecha-izquierda, adelante-atrás.
Los defensores de la bipolaridad fundamentan sus decires, en que conocemos el arriba cuando reconocemos el abajo, etc.
Pero dado que la naturaleza intrínseca de las nociones es distinta entre sí, es importante conocerlas, pues como gracias a ellas nos ubicamos en el espacio euclidiano, en el que nos movemos, debemos desentrañar su naturaleza para que cuando las usemos en rehabilitación, no cometamos errores que solemos atribuírselos falsamente a los pacientes.
Arriba-Abajo: si aceptamos universalmente que el techo es arriba, y el piso es abajo, de darse hipotéticamente el caso que me suspendieran de cabeza abajo, la situación no cambiaría, sería yo quien está al revés, esto significa que la noción no depende de mi posición, dado que está prefijada, luego ella es concreta o como gustan decir estática.
Adentro-Afuera: si nuevamente acordamos que la casa y la calle es adentro y la calle es afuera, el hecho que yo me traslade a comer a la calle, no la convierte en adentro, volvemos a hallarnos ante la situación de que la noción no depende de mi ubicación, por lo tanto también es concreta o estática.
Derecha-Izquierda: si yo me hallo frente a un auditorio, hay un grupo de oyentes que se encuentran a mi izquierda, pero si me coloco de espaldas al mismo, pasan a estar a mi derecha, por lo que esta noción es simbólica o abstracta, ya que depende absolutamente de “mi” ubicación espacial. Esto nos debe hacer reflexionar cuando les damos órdenes a pacientes, “que se muevan hacia la derecha” ¿la nuestra o la de ellos? ¿Y si son niños, que aún no han adquirido totalmente el concepto de símbolo? ¿Y si son ancianos que por lesiones neurológicas corticales tienen perturbadas las simbólicas? (Cosa sumamente frecuente), ¿y si son deficientes mentales? En cuyo caso generalmente nunca la adquieren, dado que no llegan al pensamiento abstracto. Por ello debemos reemplazarla por nociones concretas, por ejemplo: en vez de doble hacia la derecha, doble hacia la ventana, o reemplazar vaya hacia la izquierda, por vaya hacia la puerta.
Adelante-Atrás: su naturaleza exacta aún no está definida entre los diversos autores, por las distintas interpretaciones que su uso acarrea. Por ejemplo: si yo doy clase donde se halla el pizarrón, es decir adelante y un día decido irme al fondo a hacerlo, no me hallo delante de la clase. Si me encuentro hojeando un libro y alguien me dice: “lo que Ud. Busca se encuentra más adelante” ¿hacia dónde es ello?, ¿Hacia el comienzo o hacia la finalización del mismo? Es un sujeto acostado en una camilla a quien le solicitamos flexo-extensión de tobillo y le decimos “lleve el pie hacia delante” (qué sería extensión), ¿hacia dónde debe moverlo? ¿Hacia su cuerpo o hacia fuera de la camilla? Con el agravante que autores como H. Wallon insisten que es una noción interferida por preconceptos psicológicos, pues lo adelante está asociado a lo más importante o lo mejor. De ahí que diferenciaron delante de adelante y atrás de atrás. En nuestra experiencia con discapacitados y manejándonos con criterio concreto, sabiendo además, que el 80% de nuestra información es visual, usamos el planteo de que “lo que se ve” es adelante y “lo que no se ve”, es atrás.
Podemos apreciar que la discusión se halla abierta, y entiendo que los colegas podemos enriquecerla por considerarnos “escuchas del cuerpo” a través de su manifestación más notoria que es el movimiento, al que consideramos también un “acto inteligente”.
Bibliografía
Ananiev, B.; Iarmolenko, A.; Lomov, B. Y Veker, B.; El tacto en los procesos del conomiento y el trabajo. Bs. As., Tecne.
Frostig, M. y Maslow, P.; Educación del movimiento. Bs. As., Ed. Médica Panamericana, 1984.
Lapierre, A. y Aucoutourier, A.; Los contrastes. Madrid, Ed. Científico-Médica, 1974.
Merleau Ponty, M., Fenomenología de la percepción. Barcelona. Ed. Planeta De Agostini S. A., 1984.
Pinol Douriez, M.; La construcción del espacio en el niño. Madrid. Ed. Pablo del Río S. A., 1979.
Rossel, G.; Manual de Educación Psicomotriz. Barcelona. Toray-Masson S. A., 1969.
Ruyer, R.; La conciencia y el cuerpo. Bs. As., Paidos, 1961.
Sarano, J.; La significación de los cuerpos. Bs. As., Ed. Troquel, 1967.
Schilder, P.; Imagen y apariencia del cuerpo humano. Bs. As., Paidos, 1969.
Vidal, G.; Bleichmar, H. y Usandivaras, R. J.; Enciclopedia de Psiquiatría. Bs. As. El Ateneo, 1977.
Wapner, S. y Werner, H. y otros; El precepto del cuerpo. Bs. As. Paidos, 1969 |