Hace cuatro años comencé a atender a Noelia, una nena que había sufrido un accidente debido a un cortocircuito en el hogar, producido por un vaporizador que funcionaba mientas dormía.
En ese momento Noelia tenía dos años y sufrió quemaduras importantes de segundo y tercer grado, en cara, manos y muslos. Debido a la gravedad de las quemaduras sufridas en ambas manos, fue necesario amputarle la segunda y tercera falange de todos los dedos a excepción de los pulgares, los cuales no conservan su morfología anatamofisiológica normal. La cara también se hallaba bastante comprometida, con un alto grado de cicatrices hipertróficas y pérdida del cartílago de la nariz.
Estuvo internada dos meses en el Hospital Garrahan (20 días en terapia intensiva). Allí fue intervenida quirúrgicamente tres veces para realizar cirugía reparadora.
Comencé a atenderla en noviembre de 1994. Las primeras sesiones fueron muy duras. Se mezclaban muchas cosas: la ansiedad de los padres, todo lo sufrido por la paciente física y psíquicamente, y sobretodo, mi gran temor.
La indicación médica era "movilización de ambas manos evitando la retracción". En ese momento, Noelia usaba una férula termoplástica en la mano derecha, para evitar la retracción, y guantes compresivos de lycra, en ambas manos. También usaba un conformador de siliconas para aumentar el espacio interdigital entre pulgar e índice de la mano derecha.
Ante tal indicación médica, me pregunté como se hacía para comenzar a atender a una nena que había sufrido tanto y poder establecer un vínculo con ella. Entonces se me ocurrió cantar. Fue así que la primera sesión fue "cantar". Durante las siguientes sesiones fui combinando canciones y movilizaciones. Las movilizaciones las realizaba a nivel de omóplatos, brazo, antebrazo y mano.
Con la mano específicamente, mi objetivo principal era darle funcionalidad e independencia, por lo tanto trabajé movilizando carpo y metacarpo, trabajando también fascias y tratando de darle mayor abertura al pulgar; que se encontraba muy aducido, debido a la gran contractura de la membrana interdigital. Las movilizaciones eran muy dolorosas y era imprescindible la presencia de la mamá en ese momento, como contención.
También a partir de la segunda sesión, trabajamos con un lápiz de grosor fino y papel, intentando realizar algún trazo. El trazo era el resultado de su esfuerzo y yo la feli-citaba cada vez que lo lograba, respondiendo al principio pedagógico de estímulos a partir de logros reales.
La función del lápiz era además: 1) ampliar el espacio interdigital pulgar-índice y 2) fortificar los músculos de toda la mano.
Durante el primer año se realizaron tres sesiones por semana de 45 a 60 minutos cada una.
La sesión comenzaba generalmente con juegos o bien trabajábamos con distintos materiales, finalizando con la movilización propiamente dicha. A veces la movilización la realizábamos antes y jugábamos después. Dependía de cómo se encontraba la paciente en ese momento.
Utilizamos muchos materiales para trabajar ya que Noelia se entusiasmaba mucho con éstos, y generaba una actitud de expectativa positiva hacia la siguiente sesión. Durante los primeros seis meses utilizamos pre-ferentemente:
- Lápices de colores, marcadores, biromes, pinceles, todos de distintos grosores, utilizándolos progresivamente en dibujos.
- Plasticolas de colores, témperas, acuarelas, utilizándolas de diferentes formas: en dibujos, en sellos con corchos, contornos e impresión de manos; esto específicamente apuntaba a la integración de sus manos a su esquema corporal. Generalmente mi mano acompañaba la de ella, al comienzo de cada actividad y siempre nos lavábamos las manos juntas al terminar de trabajar. Esto se convirtió en un ritual. Acompañarla al baño, subirla a un banquito, lavarnos las manos y secarlas. Lo hacíamos generalmente antes de la movilización.
- Masas para modelar compradas (de material no tóxico), masas preparadas con agua, harina y sal, cerámica en frío y los distintos elementos para trabajar. Estos elementos lo utilizábamos para: amasar, aplastar, hacer bollos, estirar con rodillos, modelar, cortar, dejar hue-llas, modelar. De esta manera trabajábamos los distintos movimientos de la mano y del brazo, tratando de que, lo que ella hiciera tuviera un fin práctico. Por ejemplo: hicimos un cenicero en cerámica para sorprender al papá en el día del padre. Hicimos también ñoquis, trabajando así la apertura del pulgar, ñoquis que después pudo comer con su familia, valorando así la productividad de sus manos.
- Guitarra, xilofón y piano de juguete: con la guitarra trabajábamos la apertura del pulgar, el xilofón lo utilizábamos para el trabajo bilateral de todo miembro superior y con el piano específicamente trabajamos la retracción palmar de la mano derecha y la individualización de cada primera falange en ambas manos. A pesar de que visto del exterior, el muñón se presentaba como un "todo", cubierto por una membrana de piel, era posible percibir el movimiento de cada primera falange seccionada. Mi intervención estaba destinada a la individualización y movilización de cada primera falange. Teniendo así elementos para poder enfrentar cualquier tipo de cirugía destinada a esa zona.
- Agua: nunca más de quince minutos y a temperatura templada debido a la hipersensibilidad que presentaba Noelia a la temperatura elevada, la cual podía conducir al dolor.
- Pinceles, telas: pincelado de distintas zonas de la mano y percepción de distintas texturas de telas (algodón, lana, corderoy, terciopelo, seda, nylon, arpillera, pañolenci) para estimular la sensibilidad de la mano (sensibilidad profunda consciente y táctil hepicrítica - sensibilidad termoalgésica - sensibilidad táctil protopática).
- Cubiertos, peine, cepillos de dientes: en general los utilizábamos jugando pudiendo luego de esto incorporarlos a las actividades de la vida diaria. Una vez más, podemos ver como dentro de lo lúdico podemos otorgar los elementos que hacen a la independencia del sujeto.
- Pegamentos: utilizándolos para pegar papeles, figuritas, stickers, telas. Esto presentaba bastante dificultad, debido al grosor de los envases de pegamento. Como mi objetivo era que ella llegara a apretar el frasco plástico de pegamento, al principio, colocábamos el pegamento en un plato, pudiendo así por medio de un pincel pegar los distintos elementos. Este fue un recurso usado hasta la recuperación de una de las cirugías, pudiendo así después, tomar y apretar el frasco.
- Diferentes tipos de papeles y cartulinas, de distinta textura, forma y espesor: papel crepé, papel glasé, de lija, papel madera, cartón corrugado, papel barrilete: para cortar con la mano, trozar, romper, hacer dobleces, hacer bollitos y aplastarlos.
- Globos: para lanzar y tomar.
- Pelotas de distintos tamaños y materiales: haciéndolas rodar, lanzándolas y atajándolas. Trabajamos mucho con pelota de tenis, haciéndola rodar debajo de la mano. Esto contribuía a evitar la retracción.
- Juegos de mesa: elegidos teniendo en cuenta la apertura de los pulgares y la edad.
Juegos con fichas: (utilizándolas para hacer palanca)
Senku
Clavitos de plástico de distintos tamaños, para colocar dentro de paneles agujereados.
Ludomatic y otros juegos
Trabajando así la pinza y la coordinación
- Monedas, alcancía, bloques de plástico y de madera, contador, títeres, juguetes con botones y timbres (teléfono de juguete, control remoto, etc.).
Quisiera contar un episodio ocurrido unos meses después del comienzo del tratamiento. Coloqué dos fichas en el piso, y le pedí que las levantara, esperando ver cómo solucionaba ella ese problema. Sin preguntar nada, ni pedir ayuda, acercó una ficha al zócalo y con el pulgar de la mano derecha hizo palanca y la levantó. Luego hizo lo mismo con la otra ficha. Quiero subrayar que yo no le indiqué cómo hacer, ella "inventó" la solución al problema.
Con respecto a la cara, evalué que poseía muy bajo tono a nivel de la musculatura de la boca y por consiguiente se babeaba mucho. Trabajábamos haciendo muecas, soplando velas (nótese que no apareció ningún tipo de resistencia a hacerlo a pesar de estábamos trabajando con fuego) y pelotitas de ping-pong, inflando cachetes y cantando canciones en las que había que expresar emociones (reír, llorar, enojarse, gritar). Nos acariciábamos la cara, para estimular así la sensibilidad de la misma y fomentar el reconocimiento del propio cuerpo y el del otro.
A los cuatro meses de atenderla le colocaron una máscara de acrílico (termoconformada, translúcida de uvex).
En los siguientes doce meses continué trabajando con los mismos materiales, agregando:
- Juegos de mayor complejidad (encastres, rompecabezas).
- Juegos de tuerca, tornillos de plástico (pronosupinación).
- Abrir y cerrar picaportes, usar sacapuntas, llaves (pronosupinación), abrir y cerrar cierres.
- Destornilladores de mango muy fino.
- Aros de grosor fino (lanzándolos para embocar en una base).
- Fichas de distinto grosor (para embocar en un recipiente, tirándolo directamente o bien haciendo palanca entre dos fichas).
Hacíamos juegos en el piso, en la cuadrupedia, trabajando equilibrio y coordinación. Rolados, juegos con pelotas, sogas, distintos tamaños de almohadones, carretilla. Uno de los inconvenientes, trabajando en sextupedia, era el apoyo palmar de la mano derecha. Automáticamente, lo hacía con el dorso de dicha mano pero después de mucho trabajo, esto se pudo modificar.
También jugábamos a juegos tradicionales en los que se usan las manos (mano sobre mano, juego de coordinación y aplauso, pulseada).
La paciente aprendió también a andar en triciclo. La mayor dificultad fue doblar pero de a poco fue aprendiendo.
A veces no quería trabajar y entonces, un día se me ocurrió pintarme los pulgares como si fueran dos caras y les puse nombre y a partir de ahí yo creaba situaciones entre mis pulgares y los de ella (besos, saludos, empujones), logrando así la movilización del pulgar y un intenso trabajo contra resistencia.
Otro recurso consistía en que ella me movilizara mis manos y mis dedos, y así después podía hacerlo yo con ella. También lo hacíamos con los muñecos. |