Introducción
La expresión tercera edad, geronte, anciano, o adulto mayor nos da la idea de un individuo en el último estadio de su vida, que ya ha superado todas las etapas evolutivas y ha pasado inclusive por la plenitud de su madurez. No debemos pensar en función de la espera de la muerte, sino tener en claro que es el momento donde naturalmente las funciones bioló-gicas acrecientan su deterioro, apuntando a buscar el método como para disminuir los efectos de la involución natural.
Sabemos ya por costumbre que su fuerza está disminuida, que al caminar sus pasos son más cortos y lentos, tiene huesos debilitados por la osteoporosis, y su equilibrio deteriorado, los convierte en un blanco perfecto para los accidentes. La actitud de la familia, en la mayoría de los casos, está bien definida, trata que el geronte no corra riesgos, limitando de esta manera gran parte de sus actividades, con lo que generan un individuo más débil y menos móvil, provocando en forma indirecta una mayor propensión a los accidentes.
La salud pública casi por tradición, encara la problemática desde un punto de vista preferentemente asistencial, dedicando una mínima proporción de los esfuerzos a la prevención, sumándole a esto la escasa educación que hay al respecto.
Este trabajo tiene el objetivo de plantear una propuesta que apunta de preferencia a la prevención, teniendo en cuenta actividades aplicables a la realidad que resulten en una nivelación funcional, queriendo expresar con esto la posibilidad que tiene un integrante del grupo de la tercera edad, de acercar sus cualidades físicas a las de individuos más jóvenes, pudiendo de esta manera alejarse de la posibilidad de accidentes, integrándose de manera más completa a la sociedad, lo que sin duda se traduce, no sólo en bienestar físico, sino psíquico y social.
Las cualidades físicas y la edad
En condiciones normales, los individuos sedentarios van declinando sus cualidades físicas a medida que transcurren los años. De esta manera podemos observar como la fuerza, que encuentra su momento óptimo alrededor de los veinticinco años de edad, se encuentra en un 80% de ese óptimo a los sesenta, y en un 70% aproximadamente a los ochenta años. Esta disminución en la fuerza general trae aparejada una alteración en la marcha, ya que si los músculos de los miembros inferiores son más débiles, se traducirá esto en pasos más cortos y con menor propulsión en cada uno, con lo que se manifestará un caminar más lento. Otra asociación con la pérdida de fuerza muscular es la osteoporosis, la cual avanza de los veinticinco años a un ritmo de pérdida de un 0,5% anual, agravando esto en las mujeres durante el período menopáusico.
La resistencia no escapa a estos deterioros, disminuye en forma local y general. Cuando hablamos de local, podemos analizar la pérdida de la resistencia asociada a la disminución de la densidad mitocondrial, que puede ser veinte veces menor en un músculo desentrenado. La disminución de este organoide sumada al descenso de enzimas específicas, hacen que la célula muscular pierda eficiencia en la utilización de los sustratos energéticos, con lo que se dificulta la repetición en el tiempo de un gesto.
En el caso de la resistencia gene-ral, esta se encuentra asociada al consumo máximo de oxígeno, que al igual que el resto de las cualidades, va disminuyendo desde la juventud, con una curva de descenso semejante a la de la fuerza.
Material y método
Determinar con exactitud cuando comienza la tercera edad, no tiene demasiado sentido ya que el promedio de vida está en cons-tante cambio y las funciones sociales a determinadas edades, varían con las necesidades político-económicas, no con un estudio psicofísico de la evolución.
Para este estudio se tomó como edad arbitraria los setenta años, no queriendo estipular con esto una edad determinada, sino elegir un parámetro de referencia para organizar el trabajo.
Se realizó una encuesta, la cual se basó en un cuestionario en donde se tuvieron en cuenta la edad (mayores de setenta), el sexo, el grado de actividad física realizada, y cual era la sensación subjetiva en la disminución de las cualidades físicas. Para esto se les pidió a los interrogados que calcularan en una escala del 1al 20 cuál era el grado de disminución que sentían, teniendo en cuenta que 20 representaba la máxima capacidad percibida en la juventud, y 1 la disminución total en dicha capacidad.
La cantidad de encuestados fue de ciento setenta y tres (173) elegidos al azar, el lugar de realización de la encuesta fue el Hospital Gene-ral de Agudos Teodoro Alvarez, todos los interrogados fueron atendidos por diversos motivos en el servicio de kinesiología, excluyendo los pacientes con patologías de miembros inferiores, ya que afectarían el resultado del cuestionario.
Las cualidades físicas elegidas fueron la velocidad, evaluadas en la marcha; la resistencia con respecto a subir un piso por escaleras; la fuerza, al levantar algún objeto; y el equilibrio, referido principalmente a la marcha.
Resultados
Total de encuestados: 173 (100%)
Mujeres: 107 (62%)
Hombres: 66 (38%)
Edad promedio
Mujeres: 76
Hombres: 73
Mujeres sedentarias: 74%
Mujeres activas: 26%
Hombres sedentarios: 89%
Hombres activos: 11%
Velocidad de la marcha (escala del 1 al 20)
Mujeres sedentarias: 8
Mujeres activas: 14
Hombres sedentarios: 9
Hombres activos: 13
Resistencia al subir un piso por escalera (escala 1 al 20)
Mujeres sedentarias: 9
Mujeres activas: 16
Hombres sedentarios: 7
Hombres activos: 12
Fuerza al mover un objeto (escala 1 al 20)
Mujeres sedentarias: 11
Mujeres activas: 17
Hombres sedentarios: 13
Hombres activos: 18
Equilibrio en la marcha (escala 1 al 20)
Mujeres sedentarias: 11
Mujeres activas: 16
Hombres sedentarios: 12
Hombres activos: 19
Discusión
Si comparamos las cualidades físicas de un individuo joven y de un integrante del grupo de la tercera edad, veremos que este último se encuentra con sus capacidades deterioradas con respecto al primero, pero si dentro del grupo de mayores comparamos a los sedentarios con los más activos observaremos una notable ventaja física a favor de estos últimos.
Con respecto a la velocidad de la marcha, esta depende en gran medida de la movilidad articular y de la fuerza muscular, capacidades que son factibles de mantener o bien de retrasar la disminución, por medio de ejercicios en los cuales se produzcan contracciones musculares más intensas que las de la vida cotidiana, y excursiones articulares amplias en dichos ejercicios.
La resistencia, tanto local como general, depende de la repetición de una actividad en el tiempo, teniendo esta una intensidad que provoca un gasto energético más allá de lo habitual. Esto nos trae un incremento en la eficiencia cardíaca y una mejor utilización de los sustratos energéticos por parte del músculo, especialmente de lípidos, gracias al aumento de la densidad mitocondrial, lo que se traduce en un incremento del consumo de oxígeno.
Al igual que las capacidades anteriores, la fuerza se ve influenciada por la intensidad del trabajo el cual debe superar las cargas que nos imponen las actividades de la vida diaria.
Por último, analizando el equili-brio como una cualidad fundamental en la seguridad, podemos apreciar que cualquier actividad física que requiera de coordinación en el espacio, nos ayudará a retrasar su deterioro.
En general, lo expuesto anteriormente no es tenido en cuenta, ya que con el afán de priorizar la seguridad, se olvida que esta no es mejorable sólo en forma externa con la colocación de barrales y pisos antideslizantes, que por otra parte son muy útiles, sino que debemos apuntar a los mecanismos internos de prevención, que no son otra cosa que las propias defensas naturales.
Conclusión
A partir de los resultados de la encuesta podemos llegar a la conclusión que sólo un pequeño porcentaje de la población mayor de setenta años realiza actividad física, lo que nos obliga a observar los marcados deterioros que manifiestas los interesados, y el peligro que esto implica para la salud de este grupo social.
Solo tomando conciencia de cuales son los peligros para la salud, de las disminuciones antes expuestas, se podrá replantear la importancia de la prevención por sobre el tratamiento, que es el objetivo esencial de este trabajo, dejando la inquietud para el estudio pormenorizado del costo de un plan de prevención, que debiera hacer especial hincapié en la educación y concientización de la necesidad de la actividad física, como así también que la posibilidad de realizarla esté al alcance de todos, teniendo en cuenta, el aho-rro que significa para la salud pública el tener una sociedad más sana.
A continuación se expone un planteo de actividad física que requiere de un gasto mínimo y es realizable en un pequeño salón:
Frecuencia de la actividad: 2 o 3 veces por semana.
Duración: 40 a 60 minutos.
Elementos a utilizar: una silla y dos mancuernas de 1 o 2 Kg
Desarrollo de la actividad: estiramientos musculares; movilidad articular; marcha en el lugar o por el salón; ejercicios localizados (sentarse y pararse de la silla; pararse en puntas de pie; flexiones de cadera de pie; abducciones de cadera; extensiones de cadera; flexiones de cadera sentado; inclinaciones laterales de tronco; inclinaciones anteriores de tronco sentado; rotaciones de cintura; abducciones de brazos con mancuerna; flexión de codos con mancuerna; extensión de codos con mancuerna; etc.); relajación y concientización.
Esta propuesta de bajo costo y sencillez en su aplicación, pretende ser un aporte a un posible futuro replanteo de la salud pública frente a la realidad en el crecimiento proporcional del grupo de la tercera edad.
Bibliografía
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